Opinión
El gobierno libanés se alinea con el eje enemigo israelí-estadounidense
Coincidiendo con la escalada de la agresión israelí contra civiles en Líbano, la autoridad libanesa está mostrando una parcialidad completa hacia el eje israelí-estadounidense, adoptando sus planes frente a Irán y la Resistencia libanesa, al tiempo que anuncia esfuerzos diplomáticos que no parecen dar resultados importantes.
En una armonía sospechosa, el enemigo sionista está llevando a cabo un plan para “desplazar a todos los chiítas del Líbano”, emitiendo advertencias para evacuar los suburbios del sur de la capital Beirut en su totalidad, además de grandes áreas en la Beqaa y la región sur del país, mientras que la autoridad continúa la política de complacer al enemigo estadounidense y conspirar contra parte de su pueblo, por lo que decidió en la sesión del gabinete del miércoles 04 de marzo ordenar a los servicios de seguridad arrestar a “cualquier persona relacionada con la Guardia Revolucionaria” de Irán, y revocar la decisión de permitir la entrada de iraníes sin visado, así como aumentar las medidas en el aeropuerto internacional para evitar la entrada de iraníes que tienen pasaportes de otra nacionalidad.
Está claro que el enfoque del gobierno era escalar y tomar medidas contra Irán, en adhesión a las presiones del embajador estadounidense Michel Issa, quien afirmó, según la prensa local, que elementos de la Guardia Revolucionaria Iraní están llegando al Líbano en cualidad de diplomáticos, y pidió al primer ministro Nawaf Salam que controle el asunto, mientras que los datos indican que “la escalada libanesa puede equivaler a expulsar al embajador iraní del Líbano”.
Por su parte, el ministro de Justicia, Adel Nassar, propuso a la Fiscalía demandar al secretario general de Hezbolá, Sheij Naim Qassem, y pidió que lo arrestara por cargos de “rebelión contra las decisiones del Estado”.
También hubo una gran discusión sobre el tema de la solicitud de la Embajada británica en Beirut de dar permiso a los aviones no civiles británicos para volar en el espacio aéreo libanés, y los ministros del Movimiento Amal, Tamara al-Zain y Yassin Jaber, registraron su objeción, sobre la base del hecho de que “la circunstancia no es adecuada para otorgar tales permisos ahora”.
El ministro de Información, Paul Morcos, anunció después de la sesión que el primer ministro Nawaf Salam solicitó la detención de todos los relacionados con la Guardia Revolucionaria Iraní dentro del territorio libanés, y deportarlos a Irán, como parte de las medidas que se han tomado en el contexto de los acontecimientos recientes. Señaló que la decisión se tomó por la mayoría a pesar de la objeción de algunos ministros.
Por otro lado, el Ejército libanés está tomando medidas contra los combatientes de la Resistencia en las áreas del sur, al mismo tiempo que la política gubernamental aumenta presiones a los desplazados para ponerlos contra la Resistencia. Los primeros días de la guerra mostraron una decisión no anunciada para evitar que los desplazados entraran en algunas zonas, a la luz de la disminución del papel de las asociaciones civiles con el pretexto de la incapacidad de proporcionar ayuda.
Los diplomáticos estadounidenses dijeron a sus pares libaneses que la entidad sionista “tiene la primera y última palabra sobre el Líbano, y mientras Hezbolá decida entrar en la guerra, los libaneses deben soportar las consecuencias, ya sea en los enfrentamientos militares o los ataques aéreos que -según dicen- los israelíes tiene el derecho de llevar a cabo en todo el Líbano”. Los funcionarios añadieron que “solo la rendición de Hezbolá y la entrega de sus armas al gobierno permitiría que EEUU intervenga para detener los planes israelíes”.
Estados Unidos y sus aliados creían que la invasión terrestre del sur del Líbano sería “un paseo”. Pero la presencia de los combatientes de la Resistencia y la efectividad de sus disparos fracasaron los planes del enemigo sionista y sus aliados.
El enemigo israelí y Estados Unidos están tratando de cambiar la doctrina del ejército libanés para asumir la tarea de imponer la paz por la fuerza, y presionan al gobierno para iniciar conversaciones directas con la entidad sionista. Gradualmente, la autoridad política está movilizando al ejército para llevar a cabo misiones que sirven a ese esquema.
Pero lo que la Resistencia está logrando sobre el terreno está frustrando todas las conspiraciones y demuestra que la soberanía nacional no se logra por la vía de la sumisión, sino haciendo frente al enemigo.
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