Opinión
Las monarquías del Golfo podrían sumarse a la agresión estadounidense-sionista contra Irán
Los aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico se inclinan poco a poco hacia una participación más directa en la guerra contra Irán, endureciendo su postura, tras sufrir una serie de ataques que han perturbado sus economías y amenazan con dar a Teherán una influencia duradera sobre el estrecho de Ormuz, informa The Wall Street Journal, que cita sus fuentes.
Los últimos movimientos refuerzan la capacidad de Washington para llevar a cabo ataques aéreos y abren una nueva línea de presión sobre las finanzas iraníes, mientras los países del Golfo aún no llegan al despliegue abierto de sus Fuerzas Armadas, una línea que han tratado de no cruzar. No obstante, informantes del medio, sostienen que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, busca ahora restablecer la disuasión y está cerca de decidir sumarse a los ataques. “Solo es cuestión de tiempo” antes de que el reino entre en la guerra, señala una de las fuentes.
Recientemente, Arabia Saudita aceptó permitir que las fuerzas estadounidenses utilicen su base aérea Rey Fahd, si bien, antes del inicio de las hostilidades, el reino había declarado que no permitiría que sus instalaciones ni su espacio aéreo se utilizaran para atacar a Irán, en un intento por mantenerse al margen de la guerra.
“La paciencia de Arabia Saudita con los ataques iraníes no es ilimitada”, declaró la semana pasada el ministro saudita de Asuntos Exteriores, Faisal bin Farhan, tras una serie de ataques iraníes contra infraestructuras energéticas del Golfo. “Cualquier creencia de que los países del Golfo son incapaces de responder es un error de cálculo”, añadió.
Mientras tanto, Emiratos Árabes Unidos ha empezado a actuar contra activos propiedad de Irán, poniendo en riesgo un canal clave para los dirigentes de Teherán, al tiempo que debate si involucrar en los combates a sus Fuerzas Armadas y hace lobby contra un alto el fuego que deje intacta parte de la capacidad militar iraní.
EAU, que durante años ha sido un centro financiero para empresas y particulares iraníes, ya había advertido, tras sufrir ataques al inicio de la guerra, que podía congelar miles de millones de dólares de tenencias iraníes.
Mientras los países del Golfo han declarado públicamente que no participarán en ataques contra Irán ni permitirán el uso de su espacio aéreo con ese fin, la realidad es menos clara.
Videos verificados indican que algunos lanzamientos de misiles de base terrestre utilizados para atacar a Irán procedieron de Bahréin. Asimismo, cinco aviones cisterna de la Fuerza Aérea estadounidense resultaron dañados en tierra por un ataque con misiles iraníes en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, según funcionarios estadounidenses.
Según resalta WSJ, los pasos dados por EAU y Arabia Saudita ilustran hasta qué punto las monarquías árabes están siendo arrastradas hacia una mayor implicación en la agresión estadounidense-israelí contra Irán, una posición en la que preferirían no encontrarse, puesto que atacar directamente a Irán las convertiría en beligerantes abiertos.
A ello se une el riesgo de quedar expuestas si el presidente Donald Trump decide de forma repentina poner fin a la guerra y las deja gestionando por sí solas una relación más tensa con Teherán.
La semana pasada, Arabia Saudita declaró personas no gratas a cinco empleados de la Embajada de Irán, entre ellos el agregado militar, y les ha exigido que abandonen el país en un plazo de 24 horas, asegurando que el país no dudará en tomar las medidas necesarias para preservar su soberanía, salvaguardar su seguridad y proteger su territorio.
|