Opinión
¿Hacia una nueva carrera nuclear en Oriente Medio? Turquía reevalúa su estrategia de disuasión
La investigadora turca Gönül Tol recoge las valoraciones de funcionarios turcos según las cuales el liderazgo iraní surgido tras la guerra de febrero de 2026 presenta diferencias sustanciales respecto al anterior en sus cálculos de seguridad y estrategia. Según estas evaluaciones, la antigua dirección iraní era más cautelosa y reticente a cruzar líneas rojas, especialmente en lo relativo a transformar el programa nuclear en un programa de armamento. El nuevo liderazgo, en cambio, parece más impulsivo, agresivo y dispuesto a asumir mayores riesgos.
Estos funcionarios consideran que la probabilidad de que Irán avance hacia la fabricación de un arma nuclear es ahora mayor que antes de la guerra. Tol señala que esta percepción en Ankara difiere de la valoración de algunos investigadores estadounidenses, que descartan que Irán vaya a precipitarse rápidamente hacia la fabricación de una bomba nuclear.
Según diplomáticos y funcionarios turcos citados por Tol, el lanzamiento de misiles iraníes en dirección a Turquía durante la guerra provocó una profunda conmoción en los círculos de toma de decisiones de Ankara, después de que la OTAN interceptara dichos proyectiles.
La estrategia turca partía de la premisa de que Irán no se arriesgaría a atacar a un Estado miembro de la Alianza Atlántica, dadas las posibles consecuencias militares y políticas. Sin embargo, el incidente —cuya responsabilidad Teherán negó— llevó a los funcionarios turcos a reconsiderar hasta qué punto el liderazgo iraní está dispuesto a asumir los riesgos de una escalada.
De este episodio emerge una nueva convicción en Turquía: cuando el régimen iraní se enfrenta a una amenaza existencial, podría adoptar medidas que Ankara consideraba improbables, incluida la posibilidad de arriesgarse a un enfrentamiento directo con un país miembro de la OTAN.
Tol explica que, pese a la rivalidad histórica entre Turquía e Irán, ambos países han mantenido una relación relativamente menos conflictiva que la existente entre Teherán y los Estados del Golfo. Sin embargo, una eventual posesión de armas nucleares por parte de Irán alteraría este equilibrio, amenazaría la estabilidad estratégica regional y podría impulsar a otros países a entrar en una carrera armamentística nuclear.
No obstante, Tol destaca una diferencia fundamental en la percepción de las amenazas: al hablar con los turcos, se observa que la entidad sionista es percibida como una amenaza mayor que Irán.
Esta valoración contrasta con la perspectiva saudí, en la que la amenaza iraní ocupa una posición más destacada. Esta divergencia podría dificultar la capacidad de Turquía, Arabia Saudí y Pakistán para construir una alianza de defensa común.
Según Tol, la guerra de Irán ha acelerado una transformación que comenzó hace varios años dentro de los círculos políticos y de seguridad turcos. Este cambio se caracteriza por un creciente escepticismo respecto a la suficiencia del paraguas nuclear de la OTAN y a la capacidad del régimen internacional de no proliferación para proteger los intereses de Turquía.
Tol cita una encuesta según la cual el 85 % de los participantes apoya que Turquía adquiera armas nucleares tras el estallido de la guerra de Irán. También señala que el debate no es nuevo: algunos mandos militares turcos ya habían examinado, desde comienzos de este siglo, la conveniencia de desarrollar capacidades nucleares, especialmente ante la posibilidad de que Irán avanzara hacia la militarización de su programa nuclear.
Sin embargo, Tol descarta que Ankara vaya a fabricar una bomba nuclear en el futuro próximo. En su lugar, considera más probable que Turquía adopte una estrategia de “latencia nuclear” o “cobertura nuclear”: desarrollar la tecnología, los conocimientos especializados y la infraestructura necesarios para poder fabricar un arma nuclear en el futuro, si así lo decidiera su liderazgo político.
Ankara tampoco analiza el programa nuclear iraní de forma aislada, sino en relación con otros acontecimientos regionales. Según Tol, el acuerdo nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudí ha despertado inquietud en Turquía ante la posibilidad de que Riad obtenga una mayor capacidad para enriquecer uranio, a pesar del acercamiento político y militar entre ambos países.
Turquía considera que Estados Unidos se ha vuelto más permisivo con las ambiciones nucleares de algunos de sus aliados, mientras disminuye la credibilidad de las garantías de seguridad estadounidenses. Asimismo, la exclusión de Turquía del programa de cazas F-35 ha debilitado su posible papel en los mecanismos de disuasión nuclear de la OTAN.
Tol señala, además, que Ankara busca acceder a tecnología nuclear canadiense que le permita alcanzar una mayor autonomía, al tiempo que mantiene negociaciones con Estados Unidos para desarrollar reactores adicionales. Desde esta perspectiva, “la opción más probable para Turquía es adquirir y desarrollar capacidades nucleares avanzadas sin llegar a fabricar una bomba”, conservando así la posibilidad técnica de hacerlo en el futuro si las circunstancias estratégicas y la decisión política lo justifican.
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