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Internacional

La casa natal de Hitler se convierte en una comisaría en Austria

La casa natal de Hitler se convierte en una comisaría en Austria

Austria inauguró formalmente este miércoles una comisaría en la casa natal de Adolf Hitler para espantar a los radicales de extrema derecha que lo han convertido en un lugar de peregrinación neonazi.

En una calle comercial de Braunau-an-Inn, cerca de la frontera alemana, el edificio del siglo XVII donde el dictador nació el 20 de abril de 1889, ha quedado irreconocible tras varios años de obras que costaron 20 millones de euros (más de 22 millones de dólares). El revestimiento amarillo fue sustituido por una sobria fachada blanca.

En la entrada se alza el emblema de la policía pero en la acera se ha conservado una lápida conmemorativa con la inscripción: “Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos nos lo recuerdan”. 

Esta inauguración “muestra que la ciudad de Braunau se enfrenta a su historia, que asume sus responsabilidades”, declaró el alcalde Johannes Waidbacher, en presencia del ministro del Interior Gerhard Karner. El alcalde espera que aporte “un poco de serenidad” a sus habitantes y que muestre “que se puede mirar hacia el futuro”. 

La ceremonia, en presencia de un centenar de personas, entre ellas una treintena de policías uniformados, se abrió al son de una orquesta. La inauguración de la comisaría tiene lugar en un momento en el que la extrema derecha gana terreno en las encuestas.

Según un sondeo publicado el domingo por el diario Kronen Zeitung, el partido FPÖ, fundado por antiguos nazis y que forma parte de la oposición, obtiene un 38% de la intención de voto, frente al casi 29% de las últimas elecciones legislativas de septiembre de 2024.

La casa natal de Adolf Hitler pertenecía a una familia desde 1912. En 1972, el Estado la alquiló e instaló un centro para personas con discapacidad, uno de los colectivos que sufrieron la barbarie del Tercer Reich.

Los neonazis suelen darse cita en esta dirección. Aun así, su última propietaria, Gerlinde Pommer, se opuso a la transformación del edificio e impugnó su expropiación. Tres años más tarde, la Corte Suprema austríaca validó la compra, por 810.000 euros (925.000 dólares), de los 800 metros cuadrados de superficie.

Para el futuro se barajaron varias opciones. Una comisión de expertos decidió no convertirlo en un lugar simbólico para evitar que atrajera a neonazis. También se descartó su demolición porque, en opinión de los historiadores, Austria debe encarar su pasado.

Finalmente se convertirá en una comisaría de policía para “dejar claro”, según el Gobierno, que no se permitirán conmemoraciones del nacionalsocialismo. 

 

| 23/07/2026